FANSTORIA DE ELENA GARRIDO

Parece tontería cómo se generan historias de afecto e incluso devoción en torno a personas que no conocemos, y a su vez esa curiosa "desgracia" de saber que a quienes suscitan nuestro entusiasmo ese cariño no les llegará a tocar nunca. Es la mágica y dulce injusticia de la música.
Pues yo soy otra de esas que se "enamoró" de dos desconocidos. Y empezó con ellos, en 1991. Uno no se acuerda de todas las imágenes de su infancia, pero no se sabe por qué, algunas quedan inexplicablemente grabadas en medio de la nada, como la primera vez que los vi en televisión. Tenía nueve años y no se puede decir que me fascinaron, fue como ver una imagen cualquiera de la que te olvidas cuando cambias de canal. Pero ese momento aún sigue indeleble en mi memoria. Estaban cantando "Hágase tu voluntad", y esa manera curiosa entre sexy ingenua y fresca de cruzar los brazos en alto al decir "...hazme el amor y no la guerra" .....o quizás la imagen tan plástica y atractiva que ofrecían, vestidos de cuero y camisas blancas, con ricitos negros intencionadamente revueltos y mirándose de reojo con media sonrisa...
La cuestión es que ese disco no lo pedí (a los nueve años aún te interesa más jugar con las barbies) pero tres años después, con el dejà vú de los rizos y las miradas aún en el inconsciente, vi paseando por un supermercado un llamativo LP naranja que ponía Amistades Peligrosas. Y le dije a mi madre "me compras éste?"
Y se puede decir que ahí empezó mi fenómeno fan. Escucharlo todos los días, cantarlo en el coche de camino al colegio, gastar la paga íntegra en ampliaciones de todas las fotos que encontraba y me daban, que me hacía el paciente dependiente de la copistería que había junto a mi colegio (porque no había pósters de Amistades, y eso me enfureció durante años, por más que buscaba y destripaba la ciudad, llegué a encontrarlos de Camilo Sesto en sus comienzos, de Olé Olé y qué sé yo, pero de Amistades nunca.) Y con esas ampliaciones Din A3 que cuando salían bien era una fiesta, forré mi habitación de suelo a techo, techo incluido con un mega póster de La Profecía (este sí) que fui a mendigar con todo el morro a las oficinas del representante que los trajo en el 96.

Era total, en el pueblo donde veraneo traían cada año un karaoke al aire libre y yo lo monopolizaba siempre, salía de casa vestida y maquillada llena de ilusión y arrastraba conmigo a un chaval de 14 años como yo que fue mi primer "amor" de niños, y los dos (él muerto de verguenza, pobre, pero muy valiente) hacíamos el numerito que nos habíamos aprendido viendo un vídeo mil veces. Nos vitoreaban y al terminar los hombres mayores nos traían flores metidas en botellines de agua.
Yo me moría de felicidad y orgullo. Y luego gritaba por el micro " Todo esto para ellos, para ellos!!!!" y lanzaba besos al cielo.
Así pasaron los años, yo fui creciendo y cambiando pero nunca los perdí de vista, hice un juramento de lealtad en cuya recompensa decidí creer...y llegó.
El día 31 de Agosto de 1997, prácticamente a la misma hora en que Diana de Gales perdía la vida, yo entraba en el camerino de Cristina (entonces ya pedían estancias separadas)
Fue extraño, desconcertante, es como si algo que siempre has dado por inalcanzable se te presenta para que lo acaricies. Entonces te bloqueas y no sabes qué hacerle, si arrodillarte y besarle las manos, decirle que lo quieres, o morirte ahí mismo para que sea lo último que veas. Pero como de repente te vuelves consciente de todo y descubres que lo tienes ahí y quizá no se vuelva a repetir, pues casi siempre terminas haciendo el ridículo. No sé cuántas veces le dije que eran los mejores, que eran la hostia, que era guapísima, vamos, todo menos una reacción mesurada e inteligente. Pero, qué mesura se puede tener en esa situación? Después de años de soñar con ello, de estampar camisetas porque tampoco las vendían, incluso de haber ido una vez a un concierto de Ricky Martin en plan disidente con una de esas camisetas y haberme peleado con una chica que empezó a tirarme cáscaras de pipas....acaso puede ser una mesurada? Yo creo que no.

Después de ocho años aquella madrugada sigue siendo otro de esos momentos que siempre parece que fue ayer, de tal intensidad emocional.

Luego vino La Separación, el cabreo, la pena, la rabia.....pero en mi caso también la fe de que algún día volverían. Como para reforzar ese destino, no quité ni un sólo póster, ni la foto de la cartera, ni dejé de nombrarlos nunca. Y no sólo volvieron, sino que la primera actuación me la trajeron a mi ciudad. Y el 1 de Mayo de 2003 después del concierto, volví a entrar esta vez al camerino de Amistades. Me acordé de no hacer el ridículo pero no quise reprimir un abrazo de diez segundos a Cristina, y dos besos más cautelosos a Alberto, que se dejaba tocar impasible como un zar, repantigado en el sillón.
Y de ahí hasta hoy todo sigue igual, estamos a la espera del posible nuevo disco, cada uno hace su vida....y pasa el tiempo.

Yo también soy más mayor y ya no soy la niña fervorosa que revolucionaba a toda la clase cuando alguien decía "Alberto es gay"....pero sin duda alguna, el recuerdo de las profundas emociones que te hacen vivir estas experiencias nunca me va a abandonar, porque aunque ellos en sí son dos personas normales ajenas a todo, y es el encanto de la música y el escenario lo que lo crea todo, ese encanto es muy especial y el sentimiento ya está ahí, y no se puede renunciar a él. Parece extraño y contradictorio, pero es así, porque yo llevo hace casi un año un tatuaje al final de la espalda con los símbolos de cada disco, y los pósters que estuvieron ocho años envejeciendo en las paredes de mi habitación, ahora están enmarcados en el salón de mi piso.
Costumbre? Fetichismo? No lo sé, pero yo me decanto por la maravillosa capacidad de sentir del ser humano. Y un poquito de magia también.


Elena