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LA CONTRA
CANTANTE
Nací en Oviedo un mes de agosto del año..., mi edad
es inconfesable. Soy cantante (ex Amistades Peligrosas). Estoy
soltera y sin hijos. No tengo coche. Vivo con un perro labrador;
duerme conmigo. Soy de izquierdas. Respeto la religión,
pero no soy creyente. Me gusta la escalada. "Apuntes generales
del mundo" es mi último disco
CRISTINA
DEL VALLE: "Hay que soñar para avanzar"
Es
una mujer delicada, pequeñita, de aspecto muy frágil,
pero de una fuerte personalidad. Cuando graba un disco pide quedarse
a oscuras y sentirse envuelta entre las volutas de sándalos
y de perfumes. Y cuando termina, sale y se va a la cárcel
de Valdemoro como voluntaria para colaborar en talleres ocupacionales,
artísticos..., se moja en iniciativas sociales y está
siempre dispuesta a regalar sus opiniones: "Las jeringuillas
en la cárcel deberían repartirse gratis. Allí
cada una cuesta 10.000 pesetas, se comparten... y digo yo: ¿que
les condenen a prisión significa que deban salir de ahí
con sida?". En su disco hay algún aire céltico
y también la flauta del cotizado gaitero José Ángel
Hevia, el que ha sido última pareja de la irreductible
Cristina del Valle
La
Vanguardia - 03.45 horas - 21/11/2001
VÍCTOR-M. AMELA
Y
un día, le dio por cantar...
-A los tres años. Yo me subía a una silla o a una
mesa, y me decían: "Canta, Piquís". Me
llamaban Piquís.
-Una
infancia encantadora...
-No, no... Mi memoria ha borrado los recuerdos de mi infancia,
por autodefensa.
-¿Y
de qué se defiende su memoria?
-De las agresiones de mi padre. Nos maltrataba. Pegaba a mi madre.
Quiso matarla.
-Lo
siento...
-Recuerdo pocas cosas, pero hay una estampa que jamás
olvidaré: yo tendría ocho años y acompañaba
a mi madre a comisaría para denunciar una agresión
de mi padre.
-Un
recuerdo poco grato...
-Lo peor fue en comisaría: los policías se burlaron
de mi madre. "Vuelva a su casa, ande", le decían.
"¡Algo habrá hecho!", rió otro.
-Eso
hoy ha cambiado, por suerte.
-No. No lo crea: la palabra de mujer no vale nada todavía.
Recuerde a ese juez que obligó a Ana Orantes a vivir con
su marido, que acabó quemándola viva. Vergonzoso.
-¿Y
qué hizo su madre en aquellos días?
-Hubo un día en que mamá vio peligrar su vida.
Nos cogió a mí y a mis hermanas (somos cuatro) y
se fue de casa. Con lo puesto.
-¿Adónde?
-A una parroquia, donde nos ocultaron. La policía la
buscaba por abandono de hogar. Y mi padre la buscaba para matarla.
-Angustiosa
situación...
-Estuvimos cuatro meses escondidas, y luego nos fuimos a Valencia.
Allí empezamos de cero. Mi madre trabajó, y salimos
adelante: ¡hasta confeccionaba marionetas de trapo y las
vendía por la calle!
-Y
usted decidió hacerse cantante.
-Y todas mis hermanas son artistas, actrices... ¡Hay
muchos artistas con infancias traumáticas! Creo que el
arte es una manera de canalizar ese dolor, esos traumas.
-¿Y
qué supo luego de su padre?
-Nada, borrado.
-¿Qué
dejaron en usted aquellas vivencias?
-Noté el desarrope social, vi que el mundo era malo
conmigo..., y me culpé y autocastigué: fui una niña
con muchos miedos.
-¿Y
hoy?
-Aún me duran: temo a la oscuridad, a estar sola, a
volar, a entrar sola en un local lleno de hombres...
-Sigue
habiendo muertes de mujeres por agresiones de sus parejas. ¿Qué
hacer?
-La ley tiene que meterse ahí: !las agresiones graves
no se ven como delitos todavía! La violencia de género
aún se ve como algo normal en nuestra cultura. Es un desequilibrio
ideológico que hay que rectificar. Hace falta una ley integral
que prevea todos los aspectos: ¡esto es una cuestión
de Estado!
-Sin
duda.
-Casas de acogida, medidas asistenciales, personal especializado,
preparación de los agentes de policía..., todo eso
hay que reglarlo. Somos 50 organizaciones de mujeres -yo estoy
en la de artistas- las que pedimos eso.
-¿Cómo
comienza el maltrato? ¿Y por qué se aguanta?
-Se empieza por aceptar un pequeño control sobre tu
forma de vestir, el color de tu pelo... Luego, delante de otros,
él te dice cosas como: "Calla, calla, que de esto
no entiendes; qué tonta eres; no sabes lo que dices...".
-¿La
mujer no advierte todo esto?
-No cree que el ser al que ama vaya a machacarla. Y la siguiente
fase es el maltrato físico. Y ella, minada ya psicológicamente,
¡incluso cree tener la culpa! Él pide disculpas,
ella las acepta..., y vuelta a empezar.
-Hasta
un desenlace fatal...
-Sí. Cuando la mujer ve peligrar su vida, huye. ¡Es
el momento de máximo riesgo!: al ver que pierde el control
sobre ella, él la mata. Su idea es: "Con lo mío
-la mujer, los niños, el perro...- hago lo que me da la
gana".
-¿Todo
esto llega a sus canciones?
-¿Ve el título de mi disco? "Apuntes generales
del mundo": es el título de un cuaderno escolar en
el que una amiga, Ana, apunta cosas. Me lo regaló. Ana
es prostituta.
-¿Qué
ha aprendido de Ana?
-Que hay gente que necesita respeto y afecto, que quiere un
mundo justo, sensible, no violento: el mundo en el que queremos
vivir todas. Que eso es más importante que tener carreteras.
Que nada hay mayor que el afecto de otro sin que sea de tu sangre.
-¿Qué
día vivió usted todo eso en especial?
-El día en que todas fuimos a acompañar a Tani
a la cárcel. Tani mató a su marido un día
en que él quiso matarla a ella, tras años de golpearla,
de romperle el cráneo, de hacer bailar a sus hijos a disparos.
Y allí estábamos todas, desgañitadas, gritando
a la policía agarradas a las verjas. Ese día sentí
la movilización popular. Y el día en que salió
indultada: pero no es justo, porque ella es inocente...
-¿Y
qué me dice de los días de éxito con Amistades
Peligrosas?
-Conocí a Alberto Comesaña cuando yo había
grabado dos discos como Cris. Fue amor a primera vista: se vino
a vivir conmigo ese día, y quise hacer grupo con él.
Nuestro mayor éxito fue "Africanos en Madrid".
-¿Y
por qué lo dejaron?
-¿Recuerda otra canción, ¿"Quítame
este velo"? Estaba dedicada a las mujeres de Kabul. Creó
conflicto en el grupo: yo quise letras con ideología, y...
Verá, mis maestros siempre fueron cantautores como Víctor
Jara, Mercedes Sosa... Para ser coherente, decidí irme
yo del grupo: lo más importante es estar a gusto con uno
mismo.
-¿Se
puede cambiar el mundo cantando?
-Sí se pueden cambiar cosas. Yo creo que es posible
otro mundo. ¡Yo creo que hay que soñar para avanzar!
Alguien tiene que soñar. Alguien tiene que hacerlo, ¿no?