CRISTINA
DEL VALLE: Entrevista en camisa de once baras
Lunes,
10 de agosto de 1998
En
Camisa de Once Varas. Cristina del Valle
«Doparse
es engañar al cuerpo»
RAFAEL
TORRES
Paradigma
de un sector de ciudadanas que, frisando los treinta y tantos,
andan pasándolo mal a causa de los naufragios sentimentales y
del desencuentro permanente con los ciudadanos, pero sobre todo
a causa de un desasosiego interior más íntimo e ignoto, Cristina
parece asistir a los cambios que se están operando en su vida
(inicio de su carrera en solitario, novio nuevo...) con un entusiasmo
al que le falta algún brillo. Por lo demás, no regatea su concurso
en causas humanitarias.
Pregunta.-
Si el ciclista, ese sufridor por antonomasia, se dopa para no
sufrir, ¿en qué queda?
Respuesta.-
¿Si se dopa para no sufrir? A ver, ponme al tanto...
P.-
Ya sabe, lo que ocurrió en el Tour...
R.-
No estoy contra la droga, sino a favor de su legalización para
acabar con el negocio del narcotráfico...
P.-
Bueno, Cristina, pero en este caso concreto que le digo: ¿en qué
queda el ciclista que se droga como ciclista, no como particular?
R.-
Yo creo que el encanto de la gente que hace deporte de riesgo
es que su esfuerzo personal y su lucha consigan el éxito. Doparse
es engañar al cuerpo.
P.-
Y a los demás, pero, ¿qué me decía de la legalización de la droga?
R.-
Yo estoy a favor para acabar con el narcotráfico, porque todo
lo que es ilegal se convierte en un negocio. Los tres ingresos
más importantes de un país son: el narcotráfico, la prostitución
y la venta de armas. La legalización supondría el control sin
que nadie que no se droga ahora se drogara después.
P.-
Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. ¿Se concibe que un niño
pueda venir hoy, a estas alturas, cargado de privilegios respecto
de los demás?
R.-
¿Te refieres al hijo de la Infanta? Es un tema que realmente no
me interesa, no lo he seguido, no le he visto la cara... No sé,
me parece un tema un poco folclórico, como muchas de las notas
coloristas de este país.
P.-
No tan folclórico: se supone que es el tercero en la línea actual
de sucesión dinástica. Mi pregunta versaba sobre la desigualdad
que consagra la Monarquía como forma política del Estado.
R.-
Hombre, es más simbólico que otra cosa..., tampoco..., pues sí,
son privilegios, pero... A mí personalmente el tema de la realeza
nunca me ha producido rechazo ni... No sé, como la gente de esta
Familia Real es bastante sencilla y no tiene la imagen que en
otros países, no me crea conflictos. Hombre, estoy en contra de
los privilegios, pero ni me lo había planteado, ni tenía conciencia
de eso, ni había pensado sobre eso hasta que me lo has planteado
tú.
CARRERA
EN SOLITARIO
P.-
En un par de meses inicia su carrera en solitario: ¿menos peligrosa
la amistad con uno?
R.-
Sí, después de muchos años de trabajo y de vivir la vida estoy
empezando a conocerme ahora. Es el momento más placentero de mi
vida, por primera vez me encuentro a gusto conmigo y estando sola,
porque siempre he sido una persona con muchos miedos y muchas
inseguridades por mi historial familiar. Me voy conociendo.
P.-
¿Y qué tal se va cayendo?
R.-
Antes me gustaba muy poco y ahora empiezo a quererme. Yo no disfrutaba
nunca, he convivido con un sentimiento de angustia permanente.
P.-
Usted echa una mano a las putas, las ayuda... ¿No le parece execrable
una sociedad cuyas instituciones no hacen nada para redimir y
libertar a esas mujeres de la explotación, el cautiverio y la
esclavitud?
R.-
Efectivamente. Mi planteamiento es el siguiente: desde pequeña
me di cuenta de que el sistema de la sociedad en que vivo no me
gusta nada, no me interesa, no creo en él, es hipócrita... A mí
me fallan los esquemas desde los siete años, que fui con mi madre
a una comisaría a denunciar malos tratos y la policía se descojonó
de nosotras. Eso se me grabó. Aquí algo falla: ni el papel protector
del padre, ni la familia que se supone maravillosa... No creo
en los papeles, no creo en el sistema social, no creo en el matrimonio,
no creo en la Iglesia. O sea, todas las incoherencias sociales
que un niño analiza provocaron en mí una reacción muy radical,
muy agresiva, aprendí a protegerme...
P.-
Y la prostitución...
R.-
Ya, pero es que muchas de esas mujeres vienen de cuadros muy parecidos,
y es una manera de explicar las conductas marginales y de por
qué yo trabajo con esta gente de igual a igual. Yo sentí la discriminación
en mi piel por ser la hija de una mujer separada, tenía complejos,
iba al colegio hecha polvo...
P.-
Centrémonos, si le parece, en la cuestión.
R.-
Que desde la visión de esa parte marginal desarrollas dos actitudes:
o luchas desde dentro del sistema para cambiarlo o generas una
conducta antisocial y luchas directamente agrediendo a la sociedad
desde la delincuencia, la prostitución... Ahora creo en la acción
directa y en las organizaciones no gubernamentales, por eso colaboro
con ellas en diversos temas, y particularmente con APRAN en esto
de la prostitución.
P.-
¿Qué hace más daño a Cuba: el bloqueo infame de los Estados Unidos
o el turismo exotista, corruptor y putañero?
R.-
El bloqueo es la causa de ese turismo, que es la única salida
económica que le queda al país.
P.-
Y eso de que las mujeres esperen a ser tan mayores para tener
hijos, ¿a qué cree que se debe?
R.-
Hay una realidad importante y es que tenemos miedo a traer hijos
a un mundo que no nos gusta demasiado...
P.-
Esa será la realidad filantrópica. Hay otras: el egoísmo, la mentalidad
de novia casi eterna, el horror a las responsabilidades, el no
haber encontrado el con quién adecuado, la preferencia de usar
la juventud en la consecución de otros bienes...
R.-
No sé, pueden ser muchas cosas. De todas formas, es una elección
libre.
AMISTAD
Y AMOR
P.-
¿Y de amores? ¿Cómo va la cosa?
R.-
El amor y la amistad es la base de todo. Las relaciones de pareja
son muy conflictivas, vivimos en una época en que la guerra de
los sexos es real y donde el entendimiento entre hombres y mujeres
es más complejo. Las mujeres exigimos al hombre otro tipo de comportamiento,
cada vez te sientes más distante del otro sexo... Yo ahora estoy
sentimentalmente más o menos equilibrada, con una persona a la
que quiero, pero soy, afectivamente, una insatisfecha crónica
y prefiero vivir sola y estar sola, aunque acabe mi vida sola,
por seguir alimentando la utopía de encontrar el amor perfecto.