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Comentario de EMI sobre el disco

Hace falta tener las ideas muy claras, para renunciar, en estos tiempos, al pelotazo artístico seguro. Al hablar de Cristina del Valle, la voz femenina de Amistades Peligrosas, ahora en solitario. Y me refiero a sus ideas claras, no en alusión a ningún as guardado en su manga, para sobrevivir como cantante, sino a su necesidad, pura y dura, de emprender una carrera musical propia. Eso, con todas las incertidumbres, empeños y alternativas en tierra de nadie, que el reto trae consigo. La fórmula Amistades Peligrosas podría haberse prolongado dos o tres álbumes más, al menos, aliada a la inercia comercial de sus éxitos ya cosechados. Pero, entonces, Cristina no habría continuado sintiéndose viva. No habría experimentado ese subidón de adrenalina posterior a la decisión de cortar por lo sano y quemar las naves. Su apuesta musical en absoluto hubiera sido la misma. Tampoco, el ejercicio de su libertad como compositora e intérprete. Ni, por supuesto, su resultado final: un compacto que hace de su opera prima el mejor disparadero para una personalidad marcada por las rebeldías con causa. Un homenaje a lo mejor que dejó en el aire Amistades Peligrosas, a las cadencias celtas y las inquietudes sociales que merecían ser salvadas de la quema. Y, desde luego, un mosaico añadido de todos los palos melódicos apertura de miras acústicas que Cristina no podía desarrollar en formato dúo. Su compacto se abre, precisamente, con una marcha folk de pandeiros y payetxas. Una marcha que, con letra de la propia Cristina y en clave de metáfora sentimental, se refiere a esos finales de historia artística, doméstica o amorosa, que nunca terminan de llegar, aún cuando la historia ya está acabada. La marcha se llama "Encadenada", es el single que anunció de antemano su CD y, armado en la percusión por las mujeres del grupo etnográfico El Hórreo (Luarca), supone una valiente parábola al desamor en primera persona. Un "temazo", cuyos laudes árabes, por otra parte, se prolongan después en el ciclo melódico de "Luna polisaria". Así se titula la pieza de ventanas abiertas a la esperanza del pueblo saharaui que, con relieve coral también femenino (Montse y Africa), cala hondo en cualquier conciencia política. Porque, clamándole a la luna, lo que hace Cristina es apelar no a la justicia poética, sino a la de la madre naturaleza, para el destino de un pueblo que la descolonización española dejó a merced del desierto ¿Se acuerdan ustedes de cuando en 1975 se hablaba, por última vez, del "Sahara español"? Pues bien, desde entonces, todavía andamos con fechas para la autodeterminación de sus gentes desterradas Cristina del Valle ha decidido no morderse la lengua en este álbum. Y lo prueba hasta el manejo de dudas que expresa en el corte que le da título, también relativo a la reivindicación polisaria. Dudas, en voz alta, acerca de nuestra necesidad de ilusionarnos e implicarnos con su utopía, la de un país todavía por construir, con los derechos humanos por bandera, en un siglo que se acaba con la decepción frente a casi todas las utopías. Y es que, antes de que suene este lúcido himno, con la voz de la sudanesa Rhasa en los acompañamientos, lo ha hecho ya en el CD aquel que reza "Llega el 2000", aviso para navegantes y amigos verbeneros de echar las campanas al vuelo La ambición pop y el timple canario de Enrique Mateu (Artenara), pasado por tratamientos electrónicos, caracteriza el tema "Llega el 2000", otro de los cantos a la incertidumbre con los que Cristina se atreve. También ella, con el acordeón de Cuco Pérez cerca, tiene algo que decir, a las puertas del nuevo milenio. De hecho, éste será su segundo single en las ondas, el próximo mes de diciembre. "Llega el 2000" acaba con fiesta de percusiones y "Desde mis cinco sentidos", su siguiente corte, viene a ser la única balada del álbum. Un tiempo lento y paladeado, con la sinestesia como pronunciamiento poético, que resuelve la añoranza del ser querido. Que la resuelve, haciendo de su tacto y de su aroma objetivos, respectivos, de los ojos y la piel del amante En todo caso, nos referimos también a un derroche melódico en el que, aparte de intervenir la Orquesta de Cámara y Project, ha funcionado la entente musical que Cristina formó con Hevia y Pancho Varona, uno de los grandes baladistas de nuestro pop-rock. Cristina le ha puesto el estribillo, Pancho la caída estrófica y Hevia esas increíbles flautas irlandesas, que matizan su carácter orquestal. ¿Qué recuerda a la BSO de "Titanic" su obertura? Escúchalo bien Nada que ver. Otro himno más, éste con visos de "metacanción", se acuerda después, entonado por Cristina, de los emigrantes latinoamericanos que nos llegan para "hacer las Europas", igual que nuestros abuelos pretendían "hacer las Américas", hace menos de un siglo Bueno, con la diferencia de que, a peruanos y caribeños, les trae aquí la miseria con techo en la supervivencia y no en el sueño del cazafortunas. Sea como fuere, ahora tenemos entre manos un merengue, "Ave de paso", que se enriquece con la cantante caboverdiana Sara Tavares en los arreglos vocales. Los vientos del gaitero José Angel Hevia vuelven, a pedir de boca, con el sabor acústico "La ciudad de los sueños". No en vano, se trata de un tema que se crece, como ninguno, con los besos que piden ser disparados desde su estribillo. Y, si al hablar del tema que da título a este CD se nos pasó, acaso, incidir en los hallazgos de Amistades Peligrosas que, para Cristina, valía la pena rescatar, qué no decir ahora de "Dos desconocidos". He ahí una canción en la que Cristina profundiza, por derecho propio, en la exploración que el dúo hizo de las relaciones maltrechas de pareja. En "Dos desconocidos" Cristina canta por boca de la mujer que tiene clara su "libertad condicional" con el divorcio. Y, más claro todavía, su amor de madre, con que reiniciar cualquier tipo de vida sentimental Si es que un día las hubo en su carrera, aquí ya no hay filtreos y frivolidades pop que valgan... "Venus de seda" se titula el noveno corte que nos trae "El dios de las pequeñas cosas". Y, llegados a su instrumentación árabe, la ex de Amistades Peligrosas enuncia también los estremecimientos de mil y una noches por amar. Los brazos abiertos de par en par, que se corresponden con su capacidad de entrega y pasión. Causas de fuerza mayor no faltan en este álbum, fortalecido, además, por los tambores bata y la percusión cubana. Y, una de estas causas, está en la declaración sensitiva y sensual de Venus. Es el sitar hindú lo que ilumina "La cueva de Juana", a continuación, con su arco iris de imágenes sugestivas y recovecos melódico. Una puesta escénica que nos permite también lecturas mil del mundo interior que nos exterioriza Cristina. Nada, en todo caso, que nos sugiera la sorpresa del romance astur, que le pone la guinda a su compacto, con Hevia haciendo también patria instrumental Después del "Romance de la Pola", no obstante, Cristina del Valle nos deja del todo patente su búsqueda de raíces telúricas. Un arraigo que, por extensión, la ha llevado, a lo largo y ancho de este álbum, a cantarle a realidades tan básicas que, a menudo, pasan desapercibidas para los grandes popes de la canción comprometida y amorosa ¿Quién se planteó, últimamente, cantarle al pueblo saharaui otra cosa que un panfleto de compromiso y festival? ¿Y cantarle al día después del amor, con hijos de por medio? En Cristina hay una cantante y una compositora doméstica, pero nunca domesticada. Una cantante no exclusivista, sino exclusiva. Más emotiva que emocional. Valiente, antes que osada. Fuerte, que no dura.

 

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